
Los beatos Jacinto Martínez Ayuela y Nicolás de Mier Francisco, ambos religiosos agustinos del monasterio de Uclés, compartieron cautiverio, martirio y también destino final en el Valle de los Caídos.
Jacinto Martínez Ayuela nació en Celadilla del Río (Palencia) el 3 de julio de 1882. Ingresó en la Orden de San Agustín en 1897 y fue ordenado sacerdote en 1913. Tras largos años de vida religiosa y apostólica, regresó a España en el verano de 1936. Se encontraba en Uclés cuando estalló la persecución religiosa. Obligado a abandonar el monasterio, emprendió viaje hacia Cuenca junto al padre Emiliano López, siendo detenido por milicianos e ingresado en la prisión provincial.
Nicolás de Mier Francisco nació en Redondo (Palencia) el 4 de diciembre de 1903. Profesó como agustino en 1920 y recibió la ordenación sacerdotal en 1927. Desarrolló su labor como profesor y formador en los centros agustinos de Ceuta y Uclés. Tras el cierre del convento de Uclés el 24 de julio de 1936, protagonizó un episodio especialmente significativo al acudir a la parroquia para consumir las formas consagradas y evitar su profanación, después de que el párroco hubiera sido asesinado el día anterior. Poco después se dirigió a Cuenca, donde fue detenido e ingresado en prisión.
En la cárcel de Cuenca ambos sacerdotes coincidieron con otros religiosos y destacaron por su serenidad, su espíritu de oración y la asistencia espiritual prestada a numerosos detenidos. El 21 de septiembre de 1936 fueron sacados de prisión junto a otros sacerdotes y conducidos a las inmediaciones del cementerio de Cuenca, donde fueron asesinados exclusivamente por su condición de religiosos y sacerdotes católicos.
La Iglesia reconoció su muerte como auténtico martirio y ambos fueron beatificados el 28 de octubre de 2007. Sus restos fueron trasladados al Valle de los Caídos el 23 de marzo de 1959, donde reposan actualmente junto a otros mártires de la persecución religiosa de 1936.
SANTIDAD, PAPA LEÓN XIV, SUS SACRIFICIOS NO PUEDEN QUEDAR SIN RECONOCIMIENTO NI MEMORIA